domingo 6 de diciembre de 2009

[ Del género ]


Siempre me he declarado como una persona no feminista y creo que es por el simple hecho de que me identifico como "persona" y no como género. No sé cuándo nació esa bipartición desagradable. El día de la mujer, las revistas para mujeres, las series de tv para mujeres, las ferias para mujeres, el rol de la mujer, los consejos para mujeres, la frase: quién entiende a las mujeres, y tantas de limitantes.
¿Quién puede comprobar que mujeres y hombres son completamente iguales en su género y completamente distintos entre ellos?. No me siento tan mujer como "nos" describen. Estoy lejos de ser feminista y de luchar por sus derechos; creo en las personas y que entre ellas somos diferentes e iguales.
Odio los encasillamientos, en especial si me atañen; creo que por eso detesto las subculturas, las tribus urbanas, los nombres como "minorías sexuales", círculos religiosos y cuánta cosa quiera encerrarnos dentro de un grupo. El hombre es una vida, y la vida un universo dentro de cada uno, dentro de esa infinitud, ¿es posible acaso definir una sola línea?.
Me desagrada profundamente la visión errática de que las mujeres son sentimientos, fragilidad, delicadeza y puro corazón; ese típico prototipo de teleserie y de películas, esa sensación de que la mujer es "linda" y el hombre "determinante". Tampoco concuerdo con que el hombre sea un bastardo insensible y que todos sean iguales, ¿de dónde salió tanta tontera?
Creo en el tratarnos de tú a tú sin diferencias, creo en la vida, en el interior de las personas, y en autorrealización. No creo en las jerarquías, no creo en los encasillamientos, no creo en las definiciones concretas.

Creo que Estefanía o Estefanío sería exactamente igual.

martes 18 de agosto de 2009

[ Después de las 00:00 ]












Caída la noche apago la luz, ya no quedan vestigios de partículas luminosas. Reposo la cabeza en la almohada y comienza el film; planifico, medito, me arrepiento; susurros del tiempo pesado como el plomo. Es la instancia clave para los remordimientos.
Tengo sueño, estoy exhausta, y parece que estoy más despierta que nunca.
Paso una navaja por mi cabeza, así como el barbero a la espuma, intento raspar los ecos del pensamiento (me recuerda a Dalí).
¡Debe haber alguna manera!.
Me pregunto dónde está el botón de off para desconectar este artefacto cuya mala costumbra es ponerse ingenioso cuando se descanza. Soy un animal noctámbulo y eso no favorece mis planes de madrugar.

Sugerencia: Darme con un bate en la cabeza.
Recomendación: Hacer mucha actividad física durante el día.
Necesidad: Que el día tenga más horas.
Solución lógica: Tomar algún sedante.
Realidad: Seguiré esperando a que el sueño me alcanze.

martes 4 de agosto de 2009

[ Abstracto ]


Me pregunto cómo sería si sacara el televisor de mi pieza. Supongo que las ideas fluirían más, y los libros estimularían mi imaginación.

¡Quiero volar!. Sí, volar. ¿Acaso existirá alguna persona que no haya deseado volar?. Recuerdo que cuando pequeña imaginaba que me elevaba y recorría de Norte a Sur mi país, que podía contemplar todo desde el cielo; podía sentir el viento, podía respirarlo, podía acariciarlo con mis dedos. Era sin duda una sensación maravillosa, lo más parecido a la libertad, ¿no? Es curioso que las personas asocien siempre el vuelo con la libertad.
Esta vez quiero volar, pero no por el cielo, sino a través de mi mente adormecida; quiero poder construir paisajes y sensaciones que me hagan sentir grande e importante.
Pasan los días; entre estudios, amigos, familia, trabajo y tareas se nos va la vida, mi vida, la que yo quiero, la que yo sueño, la que tiene valor, la que yo escojo.

Creo que sacaré el televisor.

jueves 25 de junio de 2009

[ Delincuencia ]


Camino a clases, sentada como nunca en este triste experimento llamado Transantiago, observaba a la gente y sus predecibles caras largas. De fondo, la banda sonora de mi vida mientras las calles desfilaban delante de mis ojos.
Bastó un segundo para que todo quedara suspendido en el aire; delante mío, el hombre que había abordado la micro apelando a la bondad de los pasajeros, pidiendo dinero para sustentar a su familia, para abandonar la adicción, para trabajar dignamente, para costear la grave enfermedad de algún hermano, o cuánta cosa haya inventado, decidió arrebatarle en un par de segundos el celular a un niño que no pasaba de tener los diecisiete años. Nadie más que una señora de edad avanzada se metió en la trifulca colaborando con sus gritos, y yo, mirando atónita la situación no lograba articular palabra alguna.
Relatar el final de la historia no tiene caso, siempre ganan los malos en la vida real. ¡Y sí que ganan!. Ganaron de mi persona el miedo e inseguridad que me provoca el avanzar cada paso en la jungla que está ahí afuera, y peor aún, ganaron el terrible hecho de que llegara a la conclusión de que no se puede caminar ni detener tranquilo en la calle, porque puedes ser víctima de algún lanzaso; no puedes ir en la micro o en el metro porque te das vuelta y eres víctima de un robo; no puedes ocultarte en tu institución académica porque ya comenzaron a introducirse como ratas; y finalmente, quieres refugiarte en tu hogar, pero su seguridad ya fue corrompida.

Qué triste ¿no?.

viernes 18 de abril de 2008

[ Amor estructural ]


Tras una mirada perdida se esconden miles de pensamientos que divagan en una experiencia llamada Amor.
Amor es el concepto que quise extraer de diferentes maneras, bajo diversas formas y contenidos; sin embargo, si me sitúo en el presente y observo el pasado (gracias a aquella maravilla empolvada llamada cuestionamiento) puedo distinguir lo vacío de lo colmado.
Lo colmado es una de las buenas costumbres del amor, que sin duda nos llena de satisfacciones con su pasar; de esta manera me es mucho más fácil dejar de confundir lo que es de lo que no y puedo afirmar con certeza que lo más próximo a una experiencia benignamente amorosa, sincera, entera, positiva, madura, es aquella que tengo hoy.

Gracias doy por los pasos que recorrí, puesto que de otra forma no hubiese dado con el paradero de ese sentimiento abrasador.

Sí, mientras veo pasar los días tras mis ojos, intento construir el futuro, ese que voy armando mientras junto cada pedazo de presente que florece en el camino.

Si me preguntaran ahora, acaso puedo hablar de amor, respondo con un rotundo sí.

Si me preguntan si sé lo que es amar, no lo pienso dos veces.

Si me preguntan, acaso siento cuándo es la persona correcta, grito a los cuatro vientos mi respuesta.

Porque siempre es sí, porque ahora es siempre, porque fuiste y serás, porque el amor fluye entre nosotros, porque intento capturar nuestra vida, porque incuestionablemente es a ti quién amo, porque cada experiencia me reafirma que solo existes tú.

domingo 9 de diciembre de 2007

[ Eterno presente ]


Que difícil es introducirse en el cerebro de dos viejos dañados por la vida, qué difícil es poder siquiera comprender cómo funciona la mente y el corazón de un par de personas que acarrean profundas heridas. El mismo dolor, las mismas marcas, el mismo veneno, las mismas llagas. Cuán profundamente deteriorada puede estar el alma para vivir en un eterno círculo de daño sin retorno, el eterno presente devastador que castiga todo a su paso, que extirpa ilusiones y esperanzas, treguas y cariños, la estabilidad y la alegría, que no perdona a su paso y que solo anida rencores.

Vorágine vital que solo menoscaba el interior de mi pecho, el interior de sus pechos, el interior de los nuestros.

Corazones ensombrecidos que se alimentan de curiosa suciedad y que raspan hasta la fibra más sensible de su entorno, una bomba de tiempo que siempre está al filo de los segundos esperando estallar y penetrarnos con su viscosa angustia.

No hay perdón, no hay olvido, no hay futuro.

Por mi parte, si hay perdón, si hay olvido, si hay esperanzas y sí quiero un futuro.

martes 4 de diciembre de 2007

[ Durante la calma ]


Reiteradamente oímos el cliché de que “Después de la tormenta siempre viene la calma”; la gente suele acudir a ese tipo de frases para darse consuelo y ánimo con frecuencia, sin reparar en la infalibilidad de la palabra “siempre”.

Curiosamente, esa frase nunca fue parte de mi vocabulario, porque la verdad es que no creo en frases hechas y manoseadas por la gente; sin embargo, llegó más temprano que tarde el momento en que estas palabras adquirirían sentido en mi cabeza.

Sentada frente a la ventana, durante un par de segundos en que diversos episodios de mi vida desfilan tras mi mirada, el sol ilumina fuertemente cada fibra de mi cuerpo y de mi mente dando el paso así para resumir con la mejor de las sonrisas mi corta y compleja existencia. Frenéticas ganas de gritar, una sonrisa que se dispara sola, impulsos adrenalínicos, ganas de hablar, de querer, de perdonar, de amar… Me pregunté cómo puede uno saber si no padece de depresión, y encontré automáticamente la respuesta; pues estos síntomas de felicidad no afloran en el diagnóstico depresivo. De esta manera las angustias solo se traducen en momentos, imperando el estado vital más común pero menos asociado, la “felicidad”. Felicidad por vivir, por avanzar, por superarse, por crecer, por amar, por ser amado, por buscar el equilibrio, por conciliar, por enmendar, por salir adelante, por planear, por respirar, por soñar, y por mantener as esperanzas.

De pasada leo: “Por qué son tan miedosos?, ¿Todavía no tienen fe?”. Y mi alma despierta a gritos por un Dios que me aviva en todos los sentidos de aquella palabra.

¿“Después de la tormenta siempre viene la calma”?, pues sí, empíricamente es así.